¿Por qué nos da ansiedad por comer?

¿Por qué nos da ansiedad por comer?

Probablemente hayas oído alguna vez aquello de “a mí la ansiedad me engorda” o “cuando estoy nervios@ me da por comer demasiado”. No sé si ha sido tu caso pero estas frases yo las he escuchado desde que era pequeña y ahora también, aunque en un contexto diferente. Una de las áreas en las que se entromete la señorita ansiedad es en nuestra forma de alimentarnos y, a veces, sin darnos ni siquiera cuenta . Hoy, en especial, me gustaría poner el foco de este post en la Ansiedad por comer.

Una de las dificultades o problemas por las que las personas acuden a consulta suele ser la ansiedad y sus síntomas. Las personas que la padecen suelen sentir que ésta interfiere en el funcionamiento de su día a día y además, siendo la protagonista en diferentes ámbitos de su vida.

 

¿Qué es la Ansiedad?

Si te digo que la ansiedad es una respuesta adaptativa humana ante una situación estresante, quizás te cueste creerlo, pero así es. La ansiedad de hecho hace referencia al conjunto de procesos psicofisiológicos que se dan ante aquello que percibimos como amenazante (sea un peligro real o percibido). Hace que nos preparemos para dar, ante la mínima señal de aparición de este estímulo que percibimos como amenazante, una respuesta rápida de huida o ataque.

Ahora bien, si la respuesta es proporcional al estímulo que lo desencadena, se trata de una respuesta adaptativa. Ocurre ocasionalmente y es temporal. Por el contrario, si se está continuamente en un estado de preocupación o nerviosismo, y se percibe a cada instante peligro ante el menor estímulo de manera injustificada, el sistema nervioso se vuelve más sensible a los estímulos que aparecen de forma repentina, sin esperarlos. De manera que se encuentra constantemente activado y la persona siente la necesidad de estar continuamente en alerta por algo que percibe que va a suceder.

Esto ya no se trata de una respuesta adaptativa, pues permanece en el tiempo y requiere de ayuda de un profesional de la psicología pues afecta al desempeño diario. La buena noticia es que existen tratamientos efectivos con evidencia científica para la ansiedad.

 

Ansiedad por comer

También conocida como “comer por ansiedad” y que entra a formar parte de lo que se llama “hambre emocional” o “alimentación emocional”. Es decir, comer no porque se siente hambre física sino comer por cómo te sientes (hambre emocional). El estado de ánimo condiciona la ingesta de comida, esto es el cómo como y el qué como.

Si sentimos de manera habitual, en nuestra rutina diaria, que comemos sin poder parar, de forma compulsiva y sin apetito, alimentos poco saludables, pero es un impulso que no podemos parar, aquí está actuando la señorita ansiedad. Comemos de repente y sin freno un poco de chorizo y ya que están ahí encima de la mesa, unas patatas fritas, y por qué no, un poquito de chocolate y… La lista puede ser más grande, esto es a modo de ejemplo. Llegado a este caso, lo mejor es solicitar ayuda a un psicólogo.

Cuando ocurre esto, la persona que lo padece siente necesidad de comer para poder calmar “aquello” que le está alterando y molestando. No atiende a una señal de hambre física sino a una señal de hambre emocional. Existe en ella un conflicto emocional, algo que la está alterando, que no está gestionando ni resolviendo de una manera adecuada para ella. Como adivinarás, esta sensación de hambre al no ser física, no la puede satisfacer con la comida y probablemente, al final se sentirá peor que cuando empezó a comer. No te extrañes si los días que sientes más nervios o temor, puedas comer más. Pero fíjate si se convierte en algo que hagas como hábito. Si es así, pide ayuda a un psicólog@.

 

¿Puedo saber si es el hambre física o hambre emocional?

Rotundamente sí, aunque necesitas prestar atención a algunas señales. El hambre por ansiedad surge de manera repentina, suele aparecer junto a una imagen mental de la comida o la representación de su sabor, por ejemplo. Y con un impulso irrefrenable y, por tanto, de intensidad muy elevada por comer, que hace que tengas que satisfacerlo en el momento. Generalmente “apetecen” comidas de altas calorías que, además, no te llenan y de una forma en la que no prestas atención ni a la cantidad que ingieres ni al tiempo que le dedicas a comer ni siquiera a saborear los alimentos. Lo haces de forma automática. Y además, después de comer por ansiedad, suelen aparecer sentimientos de culpa, vergüenza, tristeza y/ o arrepentimiento.

 

¿Y cómo sucede esto?

El inicio es sencillo, darling. Nos acordamos de esa comida que tenemos guardada o a la vista que nos anima a comer, porque en una experiencia del pasado nos ha proporcionado placer, satisfacción y calma a nuestro malestar. Esas emociones de resultado de bienestar nos motivan y empujan a desear realizar la acción de comer otra vez.

Cuando comemos, se libera, entre otros neurotransmisores, la dopamina que está asociada con la sensación de placer y fuertemente relacionada con la regulación del comportamiento alimentario. El centro de placer en nuestro cerebro está formado por diferentes áreas cerebrales específicas. En el momento que comemos, se pone en marcha el mecanismo de recompensa al activarse las neuronas del centro de placer y liberar dopamina, que nos hace sentir bien y que asociamos al evento positivo, lo que reforzará su repetición.

En la ansiedad por comer, se disminuye la sensación de angustia que provoca la ansiedad mediante la acción de comer, sobre todo, ingesta de comida alta en calorías, obteniendo una sensación de bienestar y recompensa inmediata. Aunque, después, probablemente, se experimentan otros sentimientos como la culpa, mayor ansiedad, tristeza y/o remordimientos. Si dejamos que el cómo nos sentimos determine nuestra forma de comer y el qué nos alimenta, podemos llegar a entrar en un bucle que nos afectará a la salud en general, tanto mental como con consecuencias físicas.

 

Muy bien, pero… ¿qué te lleva a comer por ansiedad?

Ay darling a estas alturas te habrás dado cuenta que el problema radica en la propia ansiedad, en su control y gestión adecuado. Entre las razones más comunes suelen estar:

  • No saber gestionar las emociones de manera adecuada: porque aprendimos a esconder y/o reprimir las emociones negativas, o bien porque no tenemos recursos y/o herramientas para lo que nos está solicitando la situación que nos genera conflicto.
  • Tener insatisfacción en algún área de nuestra vida que no sabemos cómo llenar y lo hacemos con comida.
  • Intentar controlar en exceso las ganas de comer (lo siento darling, pero esto hace efecto rebote).
  • Hacer de la comida la única recompensa para celebrar o festejar.
  • Inadecuadas pautas de higiene del sueño que no nos permiten descansar.

 

Y si me doy cuenta que tengo ansiedad por comer, ¿qué hago?

  • Sí, soy muy pesada. Si te das cuenta de que interfiere en tu vida, que no consigues gestionar por ti mism@ la ansiedad: Busca ayuda de un profesional de la psicología para que te ayude.
  • ¿Te das cuenta en qué momentos aparece? Cuando se es capaz de ver en qué situaciones aparece la necesidad de comer por ansiedad, es más sencillo trabajar para prevenir con estrategias que nos ayuden con el pensamiento, sentimiento, emoción, impulso y compulsión de comer.
  • Las emociones no son buenas ni malas, las calificamos nosotros según nos hacen sentir y todas las que aparezcan son necesarias sentirlas, experimentarlas y vivirlas. Si sabes controlar y gestionar emociones, minimizas tensiones innecesarias que puedan estar facilitando esa necesidad por comer.
  • ¿Qué mas te gusta hacer? Encontrar actividades como opciones que nos llenen además de la comida y que nos satisfagan nos ayuda a crear alternativas a la que acudir para auto cuidarnos.
  • Relax, darling. Objetivo: disminuir la ansiedad y calmar nuestro estado de ánimo. Aprender técnicas de relajación y Mindfullness son opciones para ello.
  • Y también, movimiento. Queda de más (o quizás no) que se hable del beneficio de realizar ejercicio físico moderado adecuado a la condición de la persona. Entre estos beneficios se encuentra el disminuir o eliminar la tensión acumulada, lo que ayuda a rebajar niveles de ansiedad y estrés.
  • Implementar pautas de higiene de sueño adecuadas a la persona. SEEDO, Sociedad Española del Estudio de la Obesidad, comenta la existencia de la relación entre falta de sueño y aumento de apetito de comida rica en grasa y azúcar.
  • Cuida la dieta y mantenerte hidratad@. En ocasiones acudir a un especialista que nos ayude a saber qué comer y cómo puede marcar una diferencia importante.

 

Referencias bibliográficas:

  • Chopra, D. (2013). ¿De qué tienes hambre? La solución Chopra para la pérdida de peso permanente, el bienestar y el alimento del alma. De la traducción de María Isabel Merino Sánchez. Barcelona: Ediciones Urano, S.A.
  • Girault, J. A., & Greengard, P. (2004). The Neurobiology of Dopamine Signaling. Archives of Neurology, 61 (5), 641–644. https://doi.org/10.1001/archneur.61.5.641
  • Zelitch, S. (1993). Binge Eating Disorder: Current Knowledge and Future Directions. Obesity Research,1 (4), 306-324. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/j.1550-8528.1993.tb00626.x
Un gran tabú de la maternidad: los riesgos del embarazo

Un gran tabú de la maternidad: los riesgos del embarazo

Hoy te traigo otro post personal: sobre los riesgos del embarazo. Porque me cansé de leer que el embarazo es “too much, darling”. No. No. Y no. Lo que es “lo más de lo más” es el sentimiento hacia tu bebé. Incluso te puedes llegar a sentir mala madre si no tienes un embarazo tan ideal como todas hemos visto alguna vez en las redes sociales pensando que estás haciendo algo mal, si estará bien tu bebé por tú no encontrarte bien y un sinfín de frasecitas que se lanzan a la mami que quizás está viviendo un calvario. Decirte que siempre he sido muy curiosa. Para lo bueno y para lo malo. Soy así. Y me gusta. Y desde que supe que estaba embarazada me interesó tanto los modelitos que jamás lucí, como por los riesgos del embarazo que podríamos correr tanto mi bebita como yo.

Esto último parecía tabú cuando se nombraba. Diferentes ginecólog@s me dijeron que en cada fase podían ocurrir ciertos riesgos pero si llegaban ya comentaríamos. Supongo que en su quehacer profesional querían procurarme bienestar emocional ya que en un embarazo es tan importante la salud física como la mental. Aquí hay que hacer una especial mención al cuidado emocional de la mamá que está en un continuo devenir de hormonas, cambios físicos, incertidumbre, constante adaptación a una situación diferente cada día o segundo, etc. Pero a mí desde antes de caer enferma, me preocupó si pudiera tener riesgos del embarazo y más, obvio, después.

Tenia miedo a posible aborto, trauma o a un parto complicado o secuelas post parto. Te cuento que acudí mientras estaba embarazada a una psicóloga para trabajar el impacto emocional que mi hiperémesis gravídica severa e hipersialorrea me estaban provocando. Y cada vez que ingresaba pedía que me viera el profesional de psiquiatría, psicología e incluso enfermeros de salud mental. Cuidé como pude mi salud mental tanto como la física. En cuanto a los riesgos del embarazo, la información era la básica, la que ofrecen protocolariamente. Demasiadas preguntas. Demasiadas dudas. Demasiados artículos en internet con información dispar y no coincidente. Gracias a una ginecóloga llegué a Cristina Rodríguez (@entrebarrigas si la buscas en Instagram y su página https://entrebarrigas.com/ ) quien se convertiría en mi matrona de referencia. Quise hablar con ella. Por ti. Y por mí. Por todas. Para desenterrar mitos. Para hablar claro. Y desde el amor.

 

Pregunta (P): Cris, ¿por qué crees que no se cuentan los riesgos del embarazo que puede haber tanto para la mami como para el bebé?

Respuesta (R): Creo que vivimos en una sociedad que “patologiza” los embarazos sanos, que son la mayoría. Es importante destacar que un embarazo NO es una patología, las mujeres embarazadas no somos ni estamos enfermas, y tampoco es un riesgo el parto en sí mismo, es un proceso natural.

Sin embargo, dentro de este sistema medicalizado del embarazo, puede ser cierto que no se habla de las patologías que pueden producirse durante la gestación. Mi opinión es que esto es consecuencia del “paternalismo” que vivimos en nuestra sociedad: sin explicar los riesgos ni las causas, sin explicar las opciones, damos el mensaje de que el embarazo y el parto pueden ser peligrosos, pero no profundizamos, con lo que dejamos a las mujeres con miedo y sin la posibilidad de tener la información que permita tomar decisiones adecuadas para preservar su salud.

 

P: ¿Por qué es un tabú hablar de que te puedes sentir fatal y no ser maravilloso sentir que estás embarazada?

R: Creo que intervienen varios factores. Por un lado vivimos a día de hoy en una sociedad que premia el perfeccionismo, y que lleva a la máxima expresión el dicho “los trapos sucios se lavan en casa”. Nadie cuenta lo “malo”, porque lo que ahora está de moda es la belleza, la perfección, el individualismo. Y a pesar de que hemos vendido totalmente nuestra intimidad a las redes sociales, la realidad es que solo enseñamos la “foto bonita”, y todo lo demás se queda entre las cuatro paredes de nuestras casas (casas que además cada vez están más vacías, no compartiendo ni siquiera con la familia o amigos).

 

P: ¿Qué tipos de secuelas puede quedar?

R: Cuando hablamos de un embarazo y parto normales, no creo que debamos hablar de secuelas. Por supuesto habrá cambios a nivel físico, a nivel emocional, a nivel mental… De esto creo que también se habla poco, por cierto, del cambio total de vida que supone el pasar por un embarazo, parto y maternidad. Pero más que secuelas creo que son adaptaciones. Si nos vamos a las posibles patologías que pueden ocurrir durante el embarazo y/o el parto tendríamos que ir una a una viendo las posibles secuelas: dolor u otros problemas físicos en la mujer o en El Niño, estrés postraumatico, depresión postparto, problemas emocionales en el niño, y un larguísimo etcétera que dependerá por supuesto de cuál haya sido la patología de la gestación.

 

P: ¿Cómo puede ayudar tu matrona de confianza en este proceso de embarazo patológico?

R: Las matronas somos profesionales expertas en embarazos y partos de bajo riesgo, por lo que cuando el embarazo es patológico siempre hacemos el seguimiento del mismo en colaboración con un médico obstetra (y algunas veces médicos de otras especialidades en función de la patología).Esto no quiere decir que si el embarazo es de riesgo la matrona no vaya a seguir acompañándote: seguimos haciéndolo, pues normalmente la parte emocional y mental (organizativa, práctica, etc) del embarazo, parto y postparto no queda cubierta con el médico. Además las matronas le damos también mucha importancia a la prevención y a la educación para la salud, con lo que podemos aportar otro tipo de terapias (alimentación, ejercicio, hábitos…) en conjunto a la terapia médica, que va a ayudar a reducir los posibles síntomas de la patología.

 

Gracias Cris. No hice más preguntas.

Quise respetar su tiempo ya que me ha atendido en sus vacaciones. ¿Por qué pensé en ella?

  • Porque me quitó miedos. Al embarazo patológico, sí, el mío vino cargado de patología. Miedo a los riesgos del embarazo, a un posible parto complicado (spoiler, mi parto fue lo mejor de todo el embarazo, cero complicaciones).
  • Porque habla transparente.
  • Porque me preparó como pudo para el parto (no pude asistir a preparación de parto por cómo estaba).
  • Porque me ayuda en el postparto y en la crianza.
  • Porque sus servicios son excelencia y su atención a la embarazada, al bebé y a la familia es exquisita.

Y ella que es única y se las apaña para estar me ha atendido en sus vacaciones. Matrona de referencia. Anótalo.

Con amor, Berta

Mi ausencia y mi vuelta

Mi ausencia y mi vuelta

4 de junio de 2021

Hacía sol. Era el cumpleaños de mi padre. Y tenia una sensación en el cuerpo muy bonita que me decía que aquel día lo recordaría para siempre. Y así fue.

 

¡El cuerpo me confirmó que estaba embarazada!

La palabra FELICIDAD se queda corta para expresar el estado y el sentimiento de plenitud que me recorrió. Con los ojos abiertos y bien despierta soñaba. Ya me veía con los modelitos que iba a lucir en mi embarazo. Y la cantidad de fotos que me iba a hacer. Y me preguntaba hasta qué mes trabajaría. Y en eso estaba yo. Disfrutaba cada segundo de mi hija. Me miraba en el espejo intentando encontrar las siete diferencias con el día anterior y me alegraba ante cualquier síntoma de embarazada que sentía. Cuatro semanas duró este gozo. C u a t r o. A la quinta semana me aumentaron los síntomas de embarazo. Un poquito de más.

Empecé a preocuparme. “Todas las embarazadas vomitan, es normal”, “toma jengibre”, “o unas galletitas saladas”. Mi marido, se convirtió en mi mayor proveedor de cada cosa que nos decían. A estas alturas te habrás imaginado que no fui a mejor, si no, este post ya se habría acabado. A las 7 semanas empeoré. Muchísimo.

 

22 de junio de 2021

Mi cumpleaños. Sentía como si tuviese una gastroenteritis aguda. Mis ojeras me habían taladrado mi rostro y me iba sintiendo cada vez más débil. Recuerdo que mi marido me hizo un pescado en blanco, merluza (siento querida no haberte vuelto a comer desde entonces). Vomité sin parar. Repito, sin parar. No había descanso. Empecé a vomitar bilis. Y algo de bilis con sangre. Por la noche sólo podía estar ya tumbada. El teléfono sonaba lleno de amor de todas las personas que me querían felicitar. Ya no podía ponerme al teléfono. “Es normal, está embarazada”, “todas las embarazadas vomitan”, “esto se te pasa en cuanto cumplas las 12 semanas, “qué exagerada eres”.

No podía andar sola. Esa noche ya me acostó mi marido. Y a partir de ahí, supe que AMABA a mi bebé pero “no me gustaba NADA (y nada me parece hasta mucho) estar embarazada. Desde la semana 7 hasta la 38 en la que parí, viví la mayor paradoja que se puede vivir. Sentí que se me acabó mi vida, mientras creaba y hacía crecer la vida en mi interior. Literal.

Desde ese día, mi cumpleaños, y hasta tres semanas después de parir, ya no volví a comer, beber, ducharme, andar, hablar, trabajar, lavarme la boca, relacionarme con los demás, mirarme a un espejo o hacerme una foto. Intolerancia total a comer y beber. Perdí 10 kilos en menos de un mes. Perdí trabajo (aunque soy autónoma, no podía coger trabajo) Perdí amigos y amigas. No podía atender las llamadas ni whatsapp. Mis manos estaban todo el día ocupadas sujetando un barreño en el que no paraba de vomitar y salivar. Y hubo personas que no lo entendieron.

Me alejé de familiares. Dejé de ser hija. Dejé de ser esposa. Dejé de ser yo misma.

El amor incondicional de mi marido, sus cuidados, su mano sin soltarme y su fuerte cuerpo aferrándonos a mi bebé y a mi cada día. Esa era mi energía para seguir. y el amor puro de mi madre… Ellos respondían por mí a todas las personas pendientes de mí y me transmitían su calor. En algún momento lo hacía yo. Casi nunca.

Ingresos hospitalarios. Muchísimas visitas a urgencias. Deshidratación. Desnutrición. Diagnóstico: hiperémesis gravídica severa e hipersialorrea. Traducido en mi caso: 24 horas vomitando sin parar y echando más de dos litros de saliva diaria. Traducido en palabras de mi marido: ”eras una fuente”.

 

En mi experiencia:

Al principio: Desconocimiento médico. Frialdad. Soledad. Incomprensión. Poca empatía de los profesionales sanitarios. Poca empatía social. En uno de mis ingresos, me fui de alta voluntaria por el trato que estaba recibiendo por parte de la doctora que tenían asignada. Y tuve suerte. Dos personas me alentaron a ir al equipo de embarazos patológicos del Hospital Universitario La Paz. Y aquí encontré a grandes profesionales que sabían cómo tratar la severidad de mi hiperémesis. Y cuando no sabían, lo estudiaban hasta ayudarme todo lo que podían.

 

Mi experiencia cambió:

Conocimiento médico. Cercanía. Cariño en el trato. Incomprensión social. Empatía de los profesionales sanitarios. Poca empatía social. Secuelas físicas. Secuelas psicológicas. En recuperación. Gracias a mi grupo de hiperguerreras por vuestro sostén, información y amor. Gracias a la Fundación Her y a kimber y a Marlena por su trabajo Gracias Lo malo, ya os lo he contado.

 

¿Qué he sacado de bueno? ¿Qué he tenido que aprender? He listado lo que he sacado de bueno, quizás no en este orden, quizás simultaneo.

  1. Tiempo para parar
  2. Tiempo para reflexionar
  3. Conocerme
  4. Respetarme
  5. Cuidarme
  6. Quererme
  7. Escuchar a mi cuerpo
  8. Y escuchar a mi cabeza
  9. Pedir ayuda
  10. Permitirme que otros cuiden de mi
  11. No enredarme en cosas innecesarias
  12. Relativizar
  13. Soltar
  14. Dar la bienvenida
  15. Romper
  16. Unir
  17. Saber que no pasa nada por “no tener el día”
  18. Quereme sin esperar nada de mi a cambio
  19. Permitirme que me quieran sin nada a cambio
  20. No juzgar
  21. No dar opiniones ni consejos que no me piden
  22. Validar emociones
  23. Valorar aún más el conocimiento y su actualización
  24. Alejarme
  25. Encontrarme
  26. Poner objetivos muy a corto plazo y que empiezan por el bienestar de mi misma.
  27. Poner claridad a mis sueños.
  28. Silencio
  29. Empatizar
  30. Humanizar
  31. Ayudar
  32. Hacer equipo
  33. Agradecer
  34. Respirar
  35. Mirar con los ojos de un niño
  36. Amar
  37. A saber que hay cosas que terminan
  38. Respetar los microduelos
  39. Decir adiós a la culpa
  40. Sentirme
  41. La importancia de un paso pequeño
  42. La importancia de un gesto pequeño
  43. El poder de las palabras
  44. El poder del amor
  45. A saber qué sí quería
  46. Escuchar
  47. Escucharme
  48. Decir No
  49. Decirme Sí
  50. Respetar descansos
  51. Hablar con miradas
  52. Cuidar bonito del otro
  53. Delegar
  54. Entender al otro
  55. Callar lo que no aporta
  56. Para dar mensajes de lo que sí aporta
  57. Callar el ruido
  58. Alzar la Alegría
  59. Avanzar cada día
  60. Persistir
  61. Insistir
  62. Hacer hábito
  63. Celebrar
  64. Hablarme bonito
  65. Hablar bonito
  66. Dejar espacio
  67. A cuestionar
  68. Y a cuestionarme
  69. A disfrutar de lo pequeño
  70. A disfrutar de lo grande
  71. Respetar los momentos y tiempos de crecimiento de cada cual
  72. Y sobre todo a rodearme de quien sí suma
  73. Enamorarme más de mi
  74. Enamorarme más de mi pareja
  75. Enamorarme más de mi vida
  76. Hacer extraordinario cualquier instante
  77. Poder hablar sin hipersalivar
  78. Poder comer sin vomitar
  79. Poder beber sin vomitar
  80. Poder mirarme
  81. Permitirme que otros me miren
  82. Valorar más cada momento de estar viva

Gracias hiperémesis gravídica porque aunque todo me lo quitaste, resurgí y nací más auténtica.

Con amor, Berta

Elige estar viva

Elige estar viva

Hubo una época «muy de quirófanos» en mi vida. No, no entraba yo. Entraba una de mis raíces. Y me acuerdo que siempre me preguntaban qué le decía al oído cada vez que me despedía de ella (hubo «unas tantas» veces que parecía siempre ser la última). Y es que siempre se iba con una sonrisa, como al mejor sitio del mundo. En realidad, es que lo era. Mirado bien, era un cambio mejor al estado en el que podía entrar. Pues bien, yo sólo le susurraba: «te espero aquí, elige estar viva». Además, le decía más cosas, pero algunas si me lo permitís, me las guardaré.

 

Elige estar viva

«Elige estar viva» se convirtió en un lema para nosotras. «Viva» era despierta. Era con ganas. Era activa. «Viva» era que cuando volviese a la habitación significaba alegrarse por los pequeños pasos como si hubiésemos conquistado el Everest. «Viva» significaba entender como normal, aceptarlos y amar los altibajos por los que íbamos a pasar. Ya sabéis, un pasito para adelante y a veces cien para atrás, pero con ganas de que el siguiente paso fuese adelante.«Viva» significaba llorar. Permitirse estar triste, enfadada y sin ganas. «Viva» significaba seguir siendo humana. Viva para ofrecer lo mejor de sí en cada instante. Viva para poder recibir lo mejor de otros. Fijaos que no hablo de lucha. Sin duda, no entiendo la vida desde ese lugar.   Evidentemente, tendemos a confundir la felicidad con la alegría. Por eso, cuando uno siente tristeza, muchas veces se escucha con ligereza “que no se es feliz”. A veces por un instante. Por una «rachina». O «rachaza». Sin embargo, creo firmemente en que se puede ser feliz incluso en los momentos no tan buenos. Simplemente no estamos educados en mirar a la vida a la cara y entender la normalidad de los procesos. Por favor, no confundamos estos estados de tristeza con trastornos de ansiedad o depresión, donde es necesaria la intervención con un profesional.   Hoy en día, sigue siendo nuestro lema. Nuestra vida ha cambiado mucho. Tanto en funcionalidad como en modo. No obstante, estar vivo no significa no tener dificultades. Porque, cuando uno elige estar vivo, se ocupa de entregar en cada momento lo mejor que tiene, disfrutando cada instante y celebrándolo. Celebrando lo que se tiene. Celebrando lo que se disfrutó y ya no se tiene. Celebrando la existencia de quién es. Hoy «elige estar viva».

7 hermosas lecciones de vida

7 hermosas lecciones de vida

Hoy quizás traigo un post que para mí es el más especial que he escrito hasta ahora. Tenía 3 años cuando mi madre me sentó en su cama para explicarme su enfermedad de la manera más bonita del mundo. Junto a ello, me dejó estas 7 hermosas lecciones de vida. Además, lo recuerdo como si fuese ayer. En ese momento no entendía la magnitud. Ni siquiera el significado completo de todo lo que me decía. Pero lo hizo de una manera tan especial que se quedó grabado a fuego en mi alma.

Por lo tanto, permíteme que hoy honre su ser. Ella sigue viva. Y hoy sigue siendo ejemplo. Esto conformó mucho de lo que hoy soy y de cómo veo la vida.

 

  Primera lección

Enamórate de todo: del sol, de una sonrisa de un niño pequeño, de una planta. Enamórate de todo, enamorate de la vida cada día. Hay muchas cosas bonitas. No dejes de verlas.

 

  Segunda lección

No hay casi nada en este mundo que merezca tus lágrimas. Asegúrate de que cuando llores sea por algo realmente importante.

 

  Tercera lección

Ríe, y ríe mucho, que nada apague tu risa. Hay muchas cosas por las que reír.

 

  Cuarta lección

Mamá siempre estará contigo, quizás cambie la forma y no me veas, pero seguirá estando contigo, en tu corazón. Acude a él.

 

  Quinta lección

Ama muchísimo. Hazlo todo con cariño, con amor. Da igual lo que hagas, ofrece siempre lo mejor de ti.

 

  Sexta lección

Nunca dejes de ser tú. Guíate por lo que te saca una sonrisa.

 

  Séptima lección

Agradece por todo somos afortunados. Estamos vivos, Berta y ése es el mayor de los milagros.

 

Por ello, deseo con todo mi amor que estas 7 hermosas lecciones de vida sean de mucha ayuda para cada uno de vosotros y que lo guardéis con el mayor cariño y respeto del mundo. Ciertamente, forma parte de mi vida. Hoy, quise dejar aquí escrito, un pedacito de mí. Porque el mérito no es mío, es de Ella, mi madre. Mi mérito es haberlo puesto en práctica.

Con todo mi amor, disfrutadlo,

Berta Álvarez

A todos nos han ayudado. A ti también.

A todos nos han ayudado. A ti también.

Siento una profunda tristeza cuando escucho decir a las personas que “a ellas nadie les ha ayudado”. ¿Cuánto de cierto hay en esto?

 

Echa un vistazo por todo lo que te rodea

Observa todo lo material que tienes. Desde los objetos más grandes a los más pequeños. Desde lo que te hace muy feliz tener a aquellas cosas que están esperando a que un día lo dones o regales. En todo, siempre hubo alguien que lo hizo. Que dedicó horas a crearlo, a perfeccionarlo y a cuidarlo. También hubo alguien que fue a por ello y lo transportó. Y, cada una de estas personas invirtió tiempo (sí, del que no vuelve) para dar vida a algo que hoy tú disfrutas. Tiempo que invirtió en algo para ti. 

Quizás lo compraras, quizás te lo regalaran. No sé el motivo, tan sólo sé que eso que hoy posees, te hace la vida mejor, con más calidad o te saca más de una sonrisa

 

Por lo que sí te ayudaron

Cada vez que un utensilio, aparato o método mejora nuestra vida, nos ayuda. Que vivamos en una casa, nos ayuda. Que tengamos ropa, un sitio para descansar, nos ayuda. Invertimos en ocasiones dinero para disfrutar todo aquello,  sí. Pero detrás de lo que estemos pensando como ejemplo, hay muchas más horas dedicadas con un único fin: que nos hiciera la vida más cómoda, más fácil o nos ayudara en algo.

Por ejemplo, mientras fregaba una “cuchara de apartar”, lo pensaba. Cuánto tiempo invirtió quien la creó, pensando en el mejor material, en cómo unirlo, en cómo se debía mantener, en su uso. Tiempo de quién lo trajo a la tienda donde mi madre o abuela la compraron. Esta cuchara está en mi casa desde que yo era pequeña. Imaginaos qué gran material. Tiempo de quien pensó qué nos podía hacer falta y para qué. Tiempo de quien fue a por ella y la trajo a casa. Hoy la disfruto yo. Y hoy me es muy cómoda. Un ejemplo muy sencillo. Quizás pensareis que una cuchara no tiene mucha historia. Quizás, os digo yo, porque estamos más que acostumbrados a verlas y a utilizarlas. Pero no siempre fue así.

Deja que cada objeto que posees, te conecte con cada una de las personas que perdieron tiempo suyo para que tú y yo hoy tengamos una vida un poquito mejor.

 

Aplícalo a cada día

Y ve un paso más allá. Quizás soy muy osada si te digo que rara vez estamos solos. Pues sí, rara vez estamos solos, sin ayuda. Cada día alguien hace algo por nosotros, gestos a los que apenas damos importancia, por ejemplo, alguien que nos escucha. Por cada persona que empatiza con nosotros, nos recuerda la humanidad que vive en nosotros y que estamos hechos del mismo valor. Aquella persona que empatiza con nosotros nos recuerda que, junto a nosotros, siente lo que estamos relatando y, en ese momento, estamos acompañados y sí, insisto, nos están ayudando con ese estar presente. Busca más ejemplos, quizás alguien te abrió una puerta, alguien te sostuvo para no caerte, alguien te ayudó con un peso, trajo los alimentos para que tú pudieras llevarlos a casa. Hay muchos ejemplos,cada día, muchas personas cercanas y desconocidas, nos ayudan. Así que hoy agradece.