Diferencias entre Psicología, Coaching y Mentoring

Diferencias entre Psicología, Coaching y Mentoring

El otro día estaba mirando los juegos de mesa que tengo desde que era pequeña y que guardo a  buen recaudo para mi hija. Soy muy fan de este tipo de juegos. Friki, más bien. Verás, yo sólo le veo beneficios. pero eso es otra historia que si en algún momento quieres que  te cuente, estaré encantada de ello. Bueno, a lo que iba. Entre los juegos de Berta pequeña, se encuentra el quién es quién. No sé si sabes cuál es. Es ése en el que a través de preguntas y únicas respuestas de sí o no, tienes que adivinar quién  es el personaje que existe en la carta de tu contrincante. Ante los síes y los noes, descartas a  aquellos personajes que muestran o no, según corresponda, las características por la que has  preguntado hasta que sabes quién es el personaje (quién es quién). Y me acordé de las muchas veces que me habéis pedido que explicara las diferencias entre Psicología, Coaching y Mentoring.  Es decir, para mí, el “¿quién es quién?” de algunos de los profesionales que se dedican a  fomentar y trabajar por y para el desarrollo de las personas y en sus diferentes áreas de su vida y  así mejorar su bienestar. Y su comportamiento.

 

Hablemos sobre las diferencias entre Psicología, Coaching y Mentoring

¿Porque… toda aquella persona que se dedica a la mejoría de la persona y su conducta es psicólog@? Pues no. Y, aunque hay mucho escrito sobre el tema, se ve que sigue sin existir claridad. ¡Pues aquí va mi  aportación!

  • El mentor es una persona con mayor experiencia que tú en aquello que quieres lograr y sabe enseñarte cómo hacerlo.
  • El coach te ofrecerá preguntas que te permitirán encontrar el conocimiento que existe en ti  para conseguir el objetivo que te planteas; es decir, tomar consciencia, hacerte responsable y  tomar acción para conseguirlo.
  • El psicólogo es un especialista en el comportamiento del ser humano y analiza los procesos  mentales de los individuos y grupos; es decir, entenderás qué haces y cómo lo haces, por qué  haces lo que haces, y qué sientes. Y a partir de ahí podrás trabajar para mejorarlo, adaptarlo,  modificarlo, etc. bajo el paraguas de la ciencia. Al final, cada uno ayuda a la persona desde su rol.

 

Las diferentes especialidades de la Psicología

Sí, darling, y hay más que te quiero contar: no todos los psicólogos son generales sanitarios o  clínicos. Parece que si vas al psicólogo lo haces porque tienes problemas y cuando has contratado a un  coach o mentor, es porque quieres avanzar hacia tus sueños. Pues, escúchame bien, y esto es  fundamental: hay más especialidades en Psicología que la rama sanitaria. Están los psicólogos deportivos, de las organizaciones y de trabajo, educativos, forenses,  especialistas en coaching, en marketing, etc. Y también, por supuesto, los psicólogos generales  sanitarios y los psicólogos clínicos. Recuerda (ponlo en fluorescente si hace falta): El psicólogo estudió Psicología, que es una ciencia. El Coaching y el Mentoring son diferentes  metodologías y/o herramientas. Sencillo, ¿verdad? ¿Todos los coaches y mentores son psicólogos? No. ¿Todos los psicólogos son mentores y coaches? Tampoco. ¿El psicólogo te puede ayudar? Sí y mucho. ¿También cuando estás bien? ¡Por supuesto! Mira todas las especialidades que te he puesto a modo de ejemplo, pero espera que te cuento  más sobre las diferencias entre Psicología, Coaching y Mentoring.

 

Las funciones de un psicólogo general

El psicólogo si es Psicólogo General Sanitario te puede ayudar promoviendo tu salud, previniendo  enfermedades y ayudándote a restaurar tu bienestar. Si tienes dificultades y/o problemas que te  limitan tu funcionamiento en el día a día, también. A través de la psicoterapia, puede ayudarte a  aliviar los síntomas que te está provocando ese sufrimiento. Te ayuda antes de que este problema  se constituya una enfermedad. Si ya hablamos de trastornos, el profesional que necesitas que te ayude es un Psicólogo Clínico.

 

Las funciones de un psicólogo coach

¿Y si el psicólogo además es coach? ¡Pues mucho mejor! Entre otros motivos:

  • Aprovecha y aplica los conocimientos de la Psicología utilizando además la metodología del  Coaching.
  • Identifica de una manera ágil, eficaz y eficiente patrones de pensamiento, de emociones, de  comportamientos.
  • Identifica y reconocer incidentes críticos de una manera más óptima.
  • Trabaja de forma más fluida en la superación de aquello que constituye un freno para el cliente.
  • Identifica y trabaja con mayor fluidez las fortalezas del cliente.
  • Utiliza un amplio abanico de posibilidades de palancas y diversas herramientas probadas  científicamente.
  • Puede reconocer si la persona que quiere trabajar con el método de coaching puede en ese  momento o necesita otro tipo de ayuda previamente. Ojo. Este último punto es importante. Repito: Es importante. El coaching se aplica en personas que tienen la capacidad de cambiar y  se lo plantean, no se aplica en población clínica (aquí se requiere tratamiento). La persona que recibe coaching, necesita ser capaz de decidir sobre sus acciones para llevarlas a cabo.

 

Las funciones de un mentor

Y lo bonito y diferente del Mentoring es que hay una persona (el mentor) que ya tiene o ha  conseguido aquello que tú también quieres lograr. Esta persona no tiene por qué ser psicólogo.  Es una persona que con su propia experiencia, formación, altos y bajos, lo consiguió y ahora,  desde su experiencia vital es capaz de ayudarte a que tú des los pasos, aconsejándote,  retándote, buscando oportunidades para que crezcas, dándote herramientas y explicándote en  primera persona cómo lo hizo para que tú también puedas hacerlo. Aprendió de sus errores y  disfrutó con sus éxitos y te puede mostrar cuál fue su camino para que tú puedas también  recorrerlo. Y bueno, hasta aquí. Que si por mi fuera sigo habla que te habla, o escribe que te escribe, pero  supongo que querrás hacer más cosas que sólo leerme, ¿me equivoco? Y ahora, ¿están más claras las diferencias entre Psicología, Coaching y Mentoring?

 

Con amor, Berta

Mi ausencia y mi vuelta

Mi ausencia y mi vuelta

4 de junio de 2021

Hacía sol. Era el cumpleaños de mi padre. Y tenia una sensación en el cuerpo muy bonita que me decía que aquel día lo recordaría para siempre. Y así fue.

 

¡El cuerpo me confirmó que estaba embarazada!

La palabra FELICIDAD se queda corta para expresar el estado y el sentimiento de plenitud que me recorrió. Con los ojos abiertos y bien despierta soñaba. Ya me veía con los modelitos que iba a lucir en mi embarazo. Y la cantidad de fotos que me iba a hacer. Y me preguntaba hasta qué mes trabajaría. Y en eso estaba yo. Disfrutaba cada segundo de mi hija. Me miraba en el espejo intentando encontrar las siete diferencias con el día anterior y me alegraba ante cualquier síntoma de embarazada que sentía. Cuatro semanas duró este gozo. C u a t r o. A la quinta semana me aumentaron los síntomas de embarazo. Un poquito de más.

Empecé a preocuparme. “Todas las embarazadas vomitan, es normal”, “toma jengibre”, “o unas galletitas saladas”. Mi marido, se convirtió en mi mayor proveedor de cada cosa que nos decían. A estas alturas te habrás imaginado que no fui a mejor, si no, este post ya se habría acabado. A las 7 semanas empeoré. Muchísimo.

 

22 de junio de 2021

Mi cumpleaños. Sentía como si tuviese una gastroenteritis aguda. Mis ojeras me habían taladrado mi rostro y me iba sintiendo cada vez más débil. Recuerdo que mi marido me hizo un pescado en blanco, merluza (siento querida no haberte vuelto a comer desde entonces). Vomité sin parar. Repito, sin parar. No había descanso. Empecé a vomitar bilis. Y algo de bilis con sangre. Por la noche sólo podía estar ya tumbada. El teléfono sonaba lleno de amor de todas las personas que me querían felicitar. Ya no podía ponerme al teléfono. “Es normal, está embarazada”, “todas las embarazadas vomitan”, “esto se te pasa en cuanto cumplas las 12 semanas, “qué exagerada eres”.

No podía andar sola. Esa noche ya me acostó mi marido. Y a partir de ahí, supe que AMABA a mi bebé pero “no me gustaba NADA (y nada me parece hasta mucho) estar embarazada. Desde la semana 7 hasta la 38 en la que parí, viví la mayor paradoja que se puede vivir. Sentí que se me acabó mi vida, mientras creaba y hacía crecer la vida en mi interior. Literal.

Desde ese día, mi cumpleaños, y hasta tres semanas después de parir, ya no volví a comer, beber, ducharme, andar, hablar, trabajar, lavarme la boca, relacionarme con los demás, mirarme a un espejo o hacerme una foto. Intolerancia total a comer y beber. Perdí 10 kilos en menos de un mes. Perdí trabajo (aunque soy autónoma, no podía coger trabajo) Perdí amigos y amigas. No podía atender las llamadas ni whatsapp. Mis manos estaban todo el día ocupadas sujetando un barreño en el que no paraba de vomitar y salivar. Y hubo personas que no lo entendieron.

Me alejé de familiares. Dejé de ser hija. Dejé de ser esposa. Dejé de ser yo misma.

El amor incondicional de mi marido, sus cuidados, su mano sin soltarme y su fuerte cuerpo aferrándonos a mi bebé y a mi cada día. Esa era mi energía para seguir. y el amor puro de mi madre… Ellos respondían por mí a todas las personas pendientes de mí y me transmitían su calor. En algún momento lo hacía yo. Casi nunca.

Ingresos hospitalarios. Muchísimas visitas a urgencias. Deshidratación. Desnutrición. Diagnóstico: hiperémesis gravídica severa e hipersialorrea. Traducido en mi caso: 24 horas vomitando sin parar y echando más de dos litros de saliva diaria. Traducido en palabras de mi marido: ”eras una fuente”.

 

En mi experiencia:

Al principio: Desconocimiento médico. Frialdad. Soledad. Incomprensión. Poca empatía de los profesionales sanitarios. Poca empatía social. En uno de mis ingresos, me fui de alta voluntaria por el trato que estaba recibiendo por parte de la doctora que tenían asignada. Y tuve suerte. Dos personas me alentaron a ir al equipo de embarazos patológicos del Hospital Universitario La Paz. Y aquí encontré a grandes profesionales que sabían cómo tratar la severidad de mi hiperémesis. Y cuando no sabían, lo estudiaban hasta ayudarme todo lo que podían.

 

Mi experiencia cambió:

Conocimiento médico. Cercanía. Cariño en el trato. Incomprensión social. Empatía de los profesionales sanitarios. Poca empatía social. Secuelas físicas. Secuelas psicológicas. En recuperación. Gracias a mi grupo de hiperguerreras por vuestro sostén, información y amor. Gracias a la Fundación Her y a kimber y a Marlena por su trabajo Gracias Lo malo, ya os lo he contado.

 

¿Qué he sacado de bueno? ¿Qué he tenido que aprender? He listado lo que he sacado de bueno, quizás no en este orden, quizás simultaneo.

  1. Tiempo para parar
  2. Tiempo para reflexionar
  3. Conocerme
  4. Respetarme
  5. Cuidarme
  6. Quererme
  7. Escuchar a mi cuerpo
  8. Y escuchar a mi cabeza
  9. Pedir ayuda
  10. Permitirme que otros cuiden de mi
  11. No enredarme en cosas innecesarias
  12. Relativizar
  13. Soltar
  14. Dar la bienvenida
  15. Romper
  16. Unir
  17. Saber que no pasa nada por “no tener el día”
  18. Quereme sin esperar nada de mi a cambio
  19. Permitirme que me quieran sin nada a cambio
  20. No juzgar
  21. No dar opiniones ni consejos que no me piden
  22. Validar emociones
  23. Valorar aún más el conocimiento y su actualización
  24. Alejarme
  25. Encontrarme
  26. Poner objetivos muy a corto plazo y que empiezan por el bienestar de mi misma.
  27. Poner claridad a mis sueños.
  28. Silencio
  29. Empatizar
  30. Humanizar
  31. Ayudar
  32. Hacer equipo
  33. Agradecer
  34. Respirar
  35. Mirar con los ojos de un niño
  36. Amar
  37. A saber que hay cosas que terminan
  38. Respetar los microduelos
  39. Decir adiós a la culpa
  40. Sentirme
  41. La importancia de un paso pequeño
  42. La importancia de un gesto pequeño
  43. El poder de las palabras
  44. El poder del amor
  45. A saber qué sí quería
  46. Escuchar
  47. Escucharme
  48. Decir No
  49. Decirme Sí
  50. Respetar descansos
  51. Hablar con miradas
  52. Cuidar bonito del otro
  53. Delegar
  54. Entender al otro
  55. Callar lo que no aporta
  56. Para dar mensajes de lo que sí aporta
  57. Callar el ruido
  58. Alzar la Alegría
  59. Avanzar cada día
  60. Persistir
  61. Insistir
  62. Hacer hábito
  63. Celebrar
  64. Hablarme bonito
  65. Hablar bonito
  66. Dejar espacio
  67. A cuestionar
  68. Y a cuestionarme
  69. A disfrutar de lo pequeño
  70. A disfrutar de lo grande
  71. Respetar los momentos y tiempos de crecimiento de cada cual
  72. Y sobre todo a rodearme de quien sí suma
  73. Enamorarme más de mi
  74. Enamorarme más de mi pareja
  75. Enamorarme más de mi vida
  76. Hacer extraordinario cualquier instante
  77. Poder hablar sin hipersalivar
  78. Poder comer sin vomitar
  79. Poder beber sin vomitar
  80. Poder mirarme
  81. Permitirme que otros me miren
  82. Valorar más cada momento de estar viva

Gracias hiperémesis gravídica porque aunque todo me lo quitaste, resurgí y nací más auténtica.

Con amor, Berta

El poder de las etiquetas

El poder de las etiquetas

Etiquetas

Si yo te pregunto: ¿Quién eres? o ¿Cómo eres?, ¿Qué me dirías?

Echa la vista hacia atrás. Eso que piensas de ti, ¿es tu pensamiento o te lo decían otras personas?

Las expectativas y creencias de otros sobre nosotros impactan directamente en nuestra vida y en nuestra capacidad, haciendo todo lo posible por demostrar que son ciertas e influyendo en nuestros resultados. Esto se llama Efecto Pigmalión, cuando estas expectativas proceden de otros hacia nosotros o Efecto Galatea, cuando esas expectativas proceden de nosotros hacia nosotros mismos.

Hay etiquetas temporales y otras que duran más en el tiempo. Unas nos ayudan a comprendernos mejor y otras, nos perjudican.

Te propongo el siguiente ejercicio de dos partes:

 

Parte 1. Pregúntate:

  • ¿Cuáles son las etiquetas que me están acompañando en mi vida y en mi día a día?
  • ¿Sé quién me las puso? Y ¿conozco el motivo de ponérmela?
  • ¿Cuáles me han ayudado y cuáles no?
  • ¿Siguen siendo útiles?

Parte 2. Observa cómo te  comportas y si está siendo coherente con esa autoimagen que tienes

Recuerda que las etiquetas que te definían en el pasado, no lo hacen hoy ni mañana.

¿Y si a partir de ahora nos hablamos más amable potenciando lo que realmente somos y queremos ser?

Si deseas dar el paso para trabajar las etiquetas y quieres que te acompañe, pregunta por las sesiones 1 a 1. Si prefieres un proceso de Coaching completo, pregúntame, hay muchos servicios diseñados para ti.

Con todo mi cariño,

Berta Álvarez

Sin juicios de valor

Sin juicios de valor

¿Cuántas veces nos han hablado de alguien al que vamos a conocer, con la “intención” de que conozcamos a esa persona para que tengamos información de ella? Esto aplica al trabajo, a las relaciones personales, etc.

¿Cuántas veces nos han puesto “etiquetas” por algo que hemos dicho, hecho en un momento determinado, haciendo de esa etiqueta como una nueva identidad para nosotros?

¿Cuántas veces hemos y nos han juzgado por una primera impresión sin haber abierto la boca para dar nuestra opinión, tan sólo por nuestra apariencia?

 

Mis etiquetas

Pues bien, hoy permíteme, por favor, dirigirme a ti. Si te vas a acercar a mí, que sea sin juicios de valor. Me llaman “Álvarez”, “Bert”, “Bertus”, “B.”, “Berty”, “bertisse”, “sis”, “rizos”. según la cercanía o el tipo de relación que tenga establecida con mi interlocutor. De las etiquetas que me he enterado que me han puesto, entre ellas están “happyflower o pihippie o hipiji”. Soy “esposa”, “hija”, “sis”, “amiga”, “ahijada”, “prima”, “sobrina”, “vecina”, “psicóloga”, “coach”, “coordinadora”, “cuidadora”, etc. Tengo millones de roles según dónde me encuentre. Pude decir algo que te gustó o no. Quizás me comporté como esperabas o no.

Pero sobre todo, tengo una sola identidad: soy Berta. Y mi identidad no depende de ti. Me da igual que me juzgues, etiquetes, critiques o hables a mis espaldas. Porque eso no depende de mí. Depende de ti, de tu interpretación de mí. Y todos los días avanzo, retrocedo, me caigo, me levanto y ante todo, aprendo y sí, me supero. A mí.

Aprendo de aquello que no sale como yo esperaba, Aprendo de aquello que se me dice. Da igual cómo lo digas, las formas será lo tuyo, y, por supuesto, aunque no aceptaré formas maleducadas o malsonantes, yo me quedaré con el contenido y valoraré en qué medida tu aportación de valor me ayuda a mi crecimiento. Porque sé que no siempre todos sabemos decirnos las cosas de la mejor manera. Y créeme que tendré en cuenta lo que me dices. Siempre escucho. Siempre. Pero no, no todo me afecta. Porque en esta vida cada uno elige sus batallas y yo, sin embargo, que no creo en la lucha y sí en la colaboración, elegí mi paz interior.

 

Mi forma de actuar

Me parece interesante escucharlo todo, no sé si por “deformación profesional” o porque siempre he sido muy curiosa, pero sí, me interesa (y mucho) lo que tienes que contarme. Te respeto y valoro tu valía personal.

Y, aunque en esencia soy la misma, cambio. Me encanta hacerlo cada día mejor, dar de mí el 200% en todo lo que esté haciendo. Da igual el contexto. Si estoy con mi marido, doy el 200% en mi relación. Por ejemplo, si estoy compartiendo con mi madre, el 200% como hija. Si estoy en mi trabajo, me encanta rendir al 200% para que mi trabajo te sea útil y te sirva de ayuda. Y sí, siempre no lo hice todo bien a la primera, me equivoqué. Y mucho. También con las personas. Pero todo ese camino me sirvió para ser quien soy. Mis aciertos y mis equivocaciones. Mis días buenos, mis mejores días, pero también los menos buenos.

 

Mi aprendizaje

Y, aunque soy la misma, es evidente que no me comporto igual con mi marido que con una amiga o un compañero de trabajo o un cliente. Por eso, la etiqueta que me pongas dice poco. Probablemente diga más de ti que de mí. Entre otras cosas, porque no me reconozco en ella. Porque soy todas las etiquetas juntas y ninguna. Porque soy momentos y soy un todo. Pero como te dije, ante todo soy Yo. Mi identidad no la define una etiqueta. Mi identidad es mía.

Así que la próxima vez, guardemos etiquetas, juicios de valor, y miremos a los ojos a quien tengamos delante. Abramos los oídos y el corazón. Todos somos personas. Reconozcamos a la persona que tenemos delante. Y escuchemos su hoy. Que al igual que nuestro hoy es diferente al ayer.

¿Qué tal si empezamos por una semana, solo una, sin emitir críticas, juicios de valor o etiquetas que puedan dañar al otro? ¿Aceptas el reto?

Con mucho cariño,

Berta Álvarez

Pd. Este post lo escribí porque me preguntáis mucho por el poder de las etiquetas. Si tienes interés de que escriba sobre algún tema en concreto, escríbeme a hola@bertaalvarez.com y me cuentas. ¡Te espero!

 

A todos nos han ayudado. A ti también.

A todos nos han ayudado. A ti también.

Siento una profunda tristeza cuando escucho decir a las personas que “a ellas nadie les ha ayudado”. ¿Cuánto de cierto hay en esto?

 

Echa un vistazo por todo lo que te rodea

Observa todo lo material que tienes. Desde los objetos más grandes a los más pequeños. Desde lo que te hace muy feliz tener a aquellas cosas que están esperando a que un día lo dones o regales. En todo, siempre hubo alguien que lo hizo. Que dedicó horas a crearlo, a perfeccionarlo y a cuidarlo. También hubo alguien que fue a por ello y lo transportó. Y, cada una de estas personas invirtió tiempo (sí, del que no vuelve) para dar vida a algo que hoy tú disfrutas. Tiempo que invirtió en algo para ti. 

Quizás lo compraras, quizás te lo regalaran. No sé el motivo, tan sólo sé que eso que hoy posees, te hace la vida mejor, con más calidad o te saca más de una sonrisa

 

Por lo que sí te ayudaron

Cada vez que un utensilio, aparato o método mejora nuestra vida, nos ayuda. Que vivamos en una casa, nos ayuda. Que tengamos ropa, un sitio para descansar, nos ayuda. Invertimos en ocasiones dinero para disfrutar todo aquello,  sí. Pero detrás de lo que estemos pensando como ejemplo, hay muchas más horas dedicadas con un único fin: que nos hiciera la vida más cómoda, más fácil o nos ayudara en algo.

Por ejemplo, mientras fregaba una “cuchara de apartar”, lo pensaba. Cuánto tiempo invirtió quien la creó, pensando en el mejor material, en cómo unirlo, en cómo se debía mantener, en su uso. Tiempo de quién lo trajo a la tienda donde mi madre o abuela la compraron. Esta cuchara está en mi casa desde que yo era pequeña. Imaginaos qué gran material. Tiempo de quien pensó qué nos podía hacer falta y para qué. Tiempo de quien fue a por ella y la trajo a casa. Hoy la disfruto yo. Y hoy me es muy cómoda. Un ejemplo muy sencillo. Quizás pensareis que una cuchara no tiene mucha historia. Quizás, os digo yo, porque estamos más que acostumbrados a verlas y a utilizarlas. Pero no siempre fue así.

Deja que cada objeto que posees, te conecte con cada una de las personas que perdieron tiempo suyo para que tú y yo hoy tengamos una vida un poquito mejor.

 

Aplícalo a cada día

Y ve un paso más allá. Quizás soy muy osada si te digo que rara vez estamos solos. Pues sí, rara vez estamos solos, sin ayuda. Cada día alguien hace algo por nosotros, gestos a los que apenas damos importancia, por ejemplo, alguien que nos escucha. Por cada persona que empatiza con nosotros, nos recuerda la humanidad que vive en nosotros y que estamos hechos del mismo valor. Aquella persona que empatiza con nosotros nos recuerda que, junto a nosotros, siente lo que estamos relatando y, en ese momento, estamos acompañados y sí, insisto, nos están ayudando con ese estar presente. Busca más ejemplos, quizás alguien te abrió una puerta, alguien te sostuvo para no caerte, alguien te ayudó con un peso, trajo los alimentos para que tú pudieras llevarlos a casa. Hay muchos ejemplos,cada día, muchas personas cercanas y desconocidas, nos ayudan. Así que hoy agradece.

¡Practica conmigo la gratitud!

¡Practica conmigo la gratitud!

La psicología positiva es una rama de la psicología científica que estudia e investiga las fortalezas personales y/o recursos psicológicos que nos proporcionan y/o facilitan herramientas para promover y mantener nuestra salud y un mayor bienestar, y con las que podemos aprender, disfrutar, sentirnos y ser alegres, ser generosos, serenos, solidarios y optimistas. Las fortalezas personales y/o recursos psicológicos más estudiados dentro de esta disciplina científica son el optimismo, el sentido del humor, la vitalidad, la gratitud y el perdón.

 

Hoy nos centraremos en la gratitud.

¿Por qué he escogido la gratitud? En muchas de mis sesiones de Coaching y de Formación puedo observar cómo cuando nos piden que contemos algo bueno que nos haya pasado tenemos que pararnos a reflexionar más que si nos preguntan por los aspectos negativos que nos suceden en el día a día.

 

Y a ti, ¿cuántas cosas buenas te han pasado hoy?

Muchas veces pasamos por alto la cantidad de cosas buenas que nos pasan. Desde despertar, elegir el desayuno, que alguien te sujete la puerta para entrar o salir de un lugar, que nos digan un sencillo hola, un beso o una caricia, que podamos elegir la ropa o que incluso tengamos un teléfono desde el que poder comunicarnos con aquellos a los que queremos y nos quieren. Se me ocurren mil ejemplos más pero continuemos.

La gratitud nos permite poner la lupa, el foco, la atención en los aspectos positivos y sus efectos de tranquilidad, calma y bienestar se generan casi al instante. Entiendo que me digáis, “cuando estoy pasando por un momento de vida muy malo no me sale”, quizás en esos momentos, como estrategia, esta herramienta puede ayudarte. Como todo, es crear el hábito. Y crear un hábito es con práctica.

No te asustes si al principio te sale por agradecer pocas cosas…poco a poco irá creciendo el listado.

 

¿Qué beneficios obtienes con la gratitud?

Gracias a los numerosos estudios e investigaciones que se han llevado a cabo acerca de este tema, podemos saber que:

  • Mejora el estado de salud física, las personas que practican la gratitud se preocupan más por promover y mantener un estilo de vida más saludable y con mejor calidad de vida
  • Mayor nivel de satisfacción vital, las personas que expresan gratitud, perciben, sienten y así lo expresan mayor grado de felicidad
  • Mejora la efectividad y el éxito en alcanzar las metas que se proponen, estas personas tienen el foco puesto en la solución, no se centran en los problemas
  • Fortalece la autoestima, las personas que practican gratitud disminuyen su necesidad de compararse y saben de todas las cualidades que poseen
  • Facilita el descanso, practicar la gratitud por la noche facilita la mejor conciliación del sueño
  • Disminuye el estrés y nos permite una actitud más positiva en nuestro día a día y nuestra vida
  • Favorece un comportamiento más benévolo y generoso con el otro

(*) Si quieres leer algún estudio o investigación sobre los beneficios , escríbeme y te hago llegar alguno.

 

Berta, ¿qué puedo hacer para empezar a practicar la gratitud?

¿Qué tal, empezar escribiendo un diario de gratitud?

Es muy sencillo y sólo te llevará unos minutos. Puedes hacerlo en el momento en el que mejor te convenga. Yo te aconsejo elegir un momento del día fijo hasta establecer el hábito. Los mejores momentos, sobre todo al principio de iniciarse en esta práctica, suelen ser al levantarnos por la mañana o antes de dormir. Posteriormente, cuando tengas el hábito, ya verás que en cualquier momento será perfecto y “te saldrá solo” agradecer.

También es mejor no repetir. Es normal que al principio, como te comentaba antes en el post, cuesta más y a lo mejor, sólo encuentras tres cosas y sé que para ello, te habrás esforzado mucho. No pasa nada, mantén el hábito y ya verás cómo poco a poco aumentan.

Se empieza por escribir de 3 a 5 cosas que te hayan pasado buenas en el día, da igual si son pequeñas, lo importante es que te sientas agradecido/a. Si te salen más, pues mejor. Lo importante no es la lista en sí, sino lo que esta lista te aporta.

Para ello escribe: “Me siento agradecido por ………………… (aquí escribimos a la persona, el evento, la cosa, etc por la que me siento agradecido/a) porque me hace (aquí elige entre: me hace sentir/me facilita/me permite/me genera/ me ayuda a/ me hace ser)………………….

Todavía te lo pongo más fácil: ¡Puedes descargar mi plantilla, el cómo lo hago yo, para crear tu diario de gratitud!  Descargar plantilla

Recuerda que lo importante es la reflexión y volver a vivir la emoción positiva que nos trae el recordar aquello que nos ha pasado en el día de hoy.

 

Puedes escribir acerca de:

  • Actividades del día a día que te hagan sentir bien: tomar un café caliente, pasear, escuchar el sonido de los pájaros por la mañana, ver una serie con tu pareja, etc. Cualquier actividad que te haga disfrutar.
  • Todo lo que tienes: el móvil, tu libro, el coche, la casa, tu taza preferida, el fantástico jeans que te compraste, etc
  • Puedes tener en cuenta también la capacidad para oír, hablar, andar, sentir el tacto y poder tocar, etc. Quizás lo damos por hecho, pero cómo sería nuestra vida si no lo tuviésemos…¿Y si empezamos a valorarlo?
  • Tu talento, aquello que tú sabes hacer y eres genial en ello, comunicar, pintar, hacer manualidades, etc
  • Por las personas que te quieren en su vida y tú quieres en la tuya, por las personas que están cuando los necesitas, por las personas que aparecen nuevas. Por ejemplo, tu pareja, amigos/as, familiares, hijos/as, compañeros/as, colega, etc
  • Días especiales como tu cumpleaños, esa cena especial, esa reunión increíble, etc
  • Aprendizajes del día, qué hemos aprendido en el día, puede ser con un error, con un nuevo conocimiento, con un libro, una película, etc
  • Descubrimientos, una nueva lectura, un/a nuevo/a autor/a, un nuevo lugar con encanto para nosotros, etc
  • Momentos de superación de uno mismo, cuando una persona supera algo que le costaba hacer, la satisfacción que tenemos en ocasiones es hasta difícil de describir. Encuentra los logros que has tenido en el día.

Relee el diario tantas veces como quieras, ¡te darás cuenta cómo las cosas positivas que te ocurren en el día a día aumentan y ya verás qué sensación tan bonita se te queda!

Descarga ahora mi plantilla para empezar ahora tu diario de gratitud.

Cuéntame, me encantará leer tus comentarios.